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Escuchando a tu cuerpo

Nuestro cuerpo nos manda mensajes, mediante sensaciones físicas. A veces, esos mensajes tienen la forma de una molestia, de un leve dolor; otras, la intensidad crece. Hacer caso a esos mensajes puede ser muy útil. El origen de una molestia leve puede ser fácilmente corregido; cuando la cosa gana intensidad, suele ser más laborioso,

En el trabajo que hacemos desde el campo de la PNL, partimos de la consideración del ser humano como un sistema, donde se produce una interacción constante entre mente, cuerpo y emoción. Desde este acercamiento, cobra toda su relevancia esa idea con la que empezamos este artículo: nuestro cuerpo nos manda señales, que necesitan ser escuchadas y atendidas.

El cuerpo procesa continuamente la información que le llega desde el exterior. Sabemos que una cosa nos resulta agradable porque nuestro cuerpo experimenta una sensación de placer. El placer no es un tema conceptual o intelectual; es algo vivido, experimentado por nuestro cuerpo. También podemos referir otras muchas experiencias similares, donde nuestro cuerpo es el primero que “toma nota” de lo que sucede en el exterior.

 

 

Las situaciones que vivimos

Continuando con esta línea, aquello que vivimos es registrado, impacta en nuestro organismo. Cualquier situación puede generar una sensación corporal. El reto consiste en tomar conciencia de dicha sensación y, sobre todo, identificar el posible vínculo entre la misma y mis vivencias.

Estamos demasiado habituados a considerar que molestias, dolores, contracturas, etc. tienen un origen espontáneo (podríamos decir que aparecen por arte de magia). Desde esta apreciación, buscamos un remedio asimismo mágico, en forma de píldora analgésica. En la mayoría de casos, este remedio hace desaparecer el dolor (sí, como por arte de magia) aunque no resuelve el tema que lo originó.

Por supuesto, el analgésico es recomendable, claro que sí. Sirve para estar mejor de manera bastante inmediata. Nuestra propuesta es ir más allá. Tomar esa sensación como un posible mensaje e indagar en él.

En nuestro trabajo acompañando a personas que necesitan reorganizar aspectos de su vida, solemos encontrar casos donde el cliente se debate entre dos alternativas, ambas válidas o útiles. El hecho de que las dos sean válidas provoca que sea muy difícil renunciar a una de ellas y eso genera un movimiento de vaivén entre ambas, considerando pros y contras, simulaciones donde se elige una o la otra, etc. Además de esta descripción, centrada en procesos mentales, las personas suelen referir una migraña repetitiva.

La cuestión interesante es que cuando la persona consigue recomponer el tema, encontrando una forma de manejar esa situación ambivalente, la migraña suele desaparecer para no presentarse más.

 

Literalidad del lenguaje

Usamos expresiones muy peculiares para describir nuestra forma de vivir una situación: no trago a esta persona, esto me cuesta de digerir, me dio una puñalada por la espalda, se me sube a la chepa. Son “formas de hablar” que cada cual utiliza; a menudo, hay personas para las que una de estas expresiones es su favorita.

En el caso de usar una de estas frases de forma reiterada, es bastante probable que dicha persona pueda presentar molestias en la garganta, en el estómago, en la espalda. Nuestro cuerpo toma como literales esas expresiones y responde a las mismas como si el hecho hubiera sucedido. De modo que cuando digo “esto me cuesta de digerir” mi estómago segrega más jugos gástricos para ayudar a la digestión de eso que cuesta tanto, provocando un exceso de acidez.

 

Cuida tu lenguaje, escucha a tu cuerpo

La primera recomendación es sencilla de asumir, después de lo que acabamos de comentar: cuida lo que dices, ya que puedes generar resultados no deseados.

La segunda parte es un ejercicio de toma de consciencia y de hábito: si lo deseas, es posible acostumbrarte a escuchar a tu cuerpo. Partiendo de detectar una sensación, hay un proceso muy sencillo, cuyos pasos te contamos a continuación:

  1. En el momento en que experimentas la molestia, ¿qué está ocurriendo o qué acaba de ocurrir? Nos referimos a algún evento fuera de ti (alguien ha hecho o ha dicho algo).
  2. ¿Cómo has interpretado ese evento?
  3. ¿Qué te has dicho internamente?
  4. ¿Qué necesitas hacer o decir respecto a ello?

 

Muchas veces, el último punto es la clave. Mi cuerpo genera una señal para que yo construya una respuesta (haga o diga algo) hacia el exterior, pero yo no hago nada. Pasar a la acción suele ser un remedio efectivo. Y si no es posible actuar inmediatamente, hazlo en el momento adecuado, pero hazlo. Mientras, quizás te sirva el analgésico; aún así, aprovecha ese aviso para actuar.

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Desarrollo Personal y Profesional. Formación certificada en PNL.

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