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Reducir el estrés centrándote en el presente

Mantén a raya tu estrés 

Una forma muy efectiva de reducir el estrés consiste en llevar la atención al momento presente, a lo que hay en tu vida en este preciso instante. Focalizarte en el presente evita llevar la atención al pasado (y añorar el paraíso perdido) o al futuro (con su incertidumbre).

Hay otros factores que alimentan el estrés. Este es uno de ellos: llevar nuestra atención fuera del presente, El asunto es claro: yo sólo puedo actuar aquí y ahora. Adicionalmente, puedo actuar hoy en relación con una situación que tendrá lugar mañana; pero hoy no es mañana. No tenemos capacidad para operar en el pasado, ni en el futuro, ni tampoco en un lugar distinto de ‘aquí’.

Centrarte en el presente para reducir el estrés

Llevar la atención al presente, a lo que hay ahora mismo en el lugar en que te encuentras (aquí y ahora) es el primer paso para conectar con tus recursos y con tu poder. Eso es lo que sirve para reducir el estrés.

Es normal que mi estrés suba cuando mi atención va hacia momentos o lugares donde mi acción no está disponible. Siento mi impotencia y ello eleva mi nivel de estrés.

Por el contrario, cuando estoy en contacto con lo que hay aquí y ahora, puedo empezar a reconocer posibilidades de acción, aspectos que están en mi mano o a mi alcance (por pequeños que sean) para contribuir a modificar la situación.

La trampa del pasado

Ante una dificultad presente, muchas personas sienten la tentación de indagar por las causas que han dado lugar a la situación actual. Es una reacción comprensible, ya que las personas necesitamos dar un sentido a lo que vivimos y una de las formas de dar sentido es poder explicar, justificar, lo que ha ocurrido.

Sin embargo, profundizar en las causas no aporta soluciones. Pensar en términos de causas, de orígenes, me lleva a buscar responsables, a identificar las consecuencias de aquellas causas (la situación presente y quizás alguna más que vendrá), etc. Pero todo ello no me ayuda a encontrar la solución. Pensar en términos de causas, lleva nuestra atención hacia el pasado, mientras la solución estará en el futuro.

Atención al interior, atención al exterior

Otra forma de gestionar nuestra atención consiste en enfocarla hacia lo que sucede en mi interior o dirigirla hacia el exterior. Cuando focalizo en mi interior, es fácil generar bucles de pensamientos, de dan vueltas y vueltas sin parar. En esos bucles puedo introducir ideas acerca del pasado, del presente o del futuro, da igual. Pero son sólo ideas, interpretaciones de la realidad que yo he construido y que, no teniendo el contraste con la realidad externa, se multiplican hasta el infinito, en una especie de juego fantasmagórico de espejos.

Una pauta que siempre ayuda a mantener a raya el estrés  o , incluso, a reducir el estrés es llevar la atención hacia el exterior, hacia aquello que captan mis sentidos: lo que veo, los sonidos y palabras que escucho, los olores que llegan a mi olfato, los sabores que detectan mis papilas gustativas y las sensaciones táctiles de mi piel (texturas, frío o calor, presión, contacto, etc.).

Esto me pone en contacto con lo que está sucediendo aquí y ahora; con la realidad presente. Me trae de vuelta de ese carrusel interno en el que me puedo haber subido por unos instantes.

El contacto con el exterior me permite contrastar esas ideas que yo he generado internamente, para confirmarlas o desecharlas. Sin ese contraste, se quedarán dando vueltas en mi cabeza.

Meditación para reducir el estrés 

Un objetivo nuclear de las prácticas meditativas es generar un estado de presencia congruente. Ello tiene que ver con acallar esa especie de radio interna que está continuamente emitiendo, nuestro Pepito Grillo particular, que todo el rato tiene algo que decir. Se calcula que una persona tiene una media de 60.000 pensamientos al día. Si traducimos esto al plano material, equivaldría a dictar cada día un libro de unas 500 páginas. La parte curiosa de todo ello es que la mayoría de esos pensamientos se refieren a aspectos o situaciones que no están aquí en este momento, con lo cual estamos de nuevo en el tema de generar estrés.

Una forma de meditación

Podemos actuar sobre este mecanismo incorporando en nuestro día a día breves espacios de autocuidado, en los cuales llevemos a cabo una práctica muy sencilla: atender al exterior durante unos minutos (quizás sólo 2 o 3). Te sientas en un lugar relativamente cómodo, con tu espalda en posición vertical y apoyada en el respaldo del asiento, y simplemente te dedicas a darte cuenta de lo que ves, los sonidos que captas y las sensaciones que notas en tu cuerpo.

En el desarrollo de esta práctica, puedes incluso nombrar todos esos elementos: veo un mueble de madera, veo una pared de color azul, escucho el sonido de un coche que pasa, oigo la voz de una persona que habla, noto mis pies apoyados en el suelo, siento la temperatura ambiente.

Si te fijas, hemos indicado descripciones verificables, sin añadir interpretaciones (un mueble bonito, una pared que me gusta, un sonido molesto, unas palabras interesantes, …). Se trata de mantenerse en la pura reseña de aquello que captan tus sentidos, sin entrar en su valoración.

El efecto de esta práctica es conectar con el momento para reducir el estrés. ¿Te atreves a hacer la prueba?

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Desarrollo Personal y Profesional. Formación certificada en PNL.

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