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Te veo hij@. Entrega3

el abrigo para el nuevo rol

Te veo hij@.

Más allá de las etiquetas y de los diagnósticos

Te veo hij@. Entrega 3:

Preparando el abrigo para el nuevo rol

Cerca de mi primer embarazo surgió la moda de prepararse para el parto. Mi inquietud por conocer y saber me llevó a apuntarme a un taller que encontré en mi aseguradora de salud.  Yo esperaba que me resolvieran todas mis dudas, pero no sólo para el parto si no para mucho más.

Recuerdo un día, sentada al final de la clase oyendo a la médico mientras hablaba de las etapas de los niños. Los asistentes sólo preguntaban sobre el momento del parto, como si con eso resuelto ya estuviera todo hecho. ¿Duele? ¿Y si es largo? ¿Qué pasa si hay cesárea? etc.  Yo estaba absorta y de repente veo que me está mirando la médico y me dice: ¿Está todo bien? ¿hay algo que no te queda claro? Recuerdo que me puse roja, pues por aquella época llevaba fatal lo de hablar delante de la clase y con voz temblorosa y entrecortada le dije… “bueno, lo del parto es corto y todos lo pasan ¿No? Y allí tendremos ayuda ¿Verdad? Contaremos con profesionales que saben hacer su trabajo. Pero ¿Qué pasa cuando vuelva a casa? ¿Cómo y que haré con mi peque? ¿Qué necesito tener en cuenta para educar? ¿Cómo voy a saber si estoy preparada? ¿Y si no es como yo espero? ¿Qué recursos necesito o dónde puedo acudir? Toda la Vida es mucho tiempo ¿Sabré ser madre?” Yo me sentía como quien te acompaña a un precipicio al que luego tienes que saltar.  Está muy bien sentirse acompañada en el camino al precipicio ¿Y luego? ¿Hay alguien ahí?

Todos se me quedaron mirando como si fuera una extraterrestre, quizás porque eran clases de preparación al parto y no de preparación a ser madres y padres.  Hubo un silencio sepulcral,  sentí todas las miradas centradas en mí y quise reducirme a un punto, pensando ¡Dios, seguro que he metido la pata!  ¿Para qué he hablado? La médico con amplia sonrisa y palabras amables me dijo: “si te estás haciendo estas preguntas es que ya te estás preparando, tú ya lo eres. En el parto termina una etapa y empieza una historia”.

Ante la nueva etiqueta “soy madre”, “soy padre” algo empieza a transformarse en nuestro interior. Necesitamos reorganizar todo nuestro sistema de valores para incluir en nuestras vidas cotidianas nuevos objetivos que vayan a acoger la nueva vida y así, poder establecer unas creencias base que sean un pilar para la convivencia y marquen pautas para el aprendizaje del nuevo miembro de la familia.

Cómo decíamos en el apartado anterior  “Soy madre, soy padre” , en el momento de plantearnos este nuevo rol, dejamos de creer en nuestras experiencias previas, de lo que hemos visto, oído y sentido en nuestra vida. Recurrimos al exterior para  elaboramos una nueva vestimenta que represente la importancia y la dignidad del momento. Y todo porque queremos hacerlo genial. Queremos tener presencia.  Elaboramos un abrigo de las mejores telas de:

  • Responsabilidad
  • Respeto
  • Normas
  • Creencias respecto a lo que es mejor y que es peor

Y también incluimos telas de miedos, dudas de querer lo mejor, de huir de patrones y experiencias que hemos pasado…

Todo ello embastado por frases del tipo:

  • Tengo que….
  • Debería…..
  • Lo mejor será….
  • Voy a cambiar….
  • Ahora ya se me ha terminado….
  • Ya no podré…..
  • Cómo se parezca a…
  • Tendrán que aprender a luchar en este mundo…
  • Todo será diferente….

Vemos nuestras viejas vestimentas como desfasadas y empezamos a des-catalogar algunos aspectos. La alegría, el humor y la tranquilidad se esfuman como el viento.

¡Pues claro que todo será diferente!

Sobre todo si empezamos con pensamientos y creencias que nos van a limitar y no dejamos que se consoliden y desarrollen las que nos permitirán crear y crecer desde nosotros mismos. ¿Cómo les vamos a hacer ver que crean en ellos si ya en ese instante dejas de ser Tú? ¿Por qué cambias de repente para querer ser de otra forma? ¿Y cuál es esa otra forma? ¿Lo tienes claro?

Así que,  con tantas historias en nuestra nueva faceta,  nos ponemos un abrigo bien gordo e incluso en ocasiones una mochila llena de piedras que nos dificulta esa tarea tan maravillosa.

¿Y cómo veo a mi hijo si llevo ese abrigo puesto? ¿Tengo flexibilidad para adaptarme a los cambios? Si el abrigo es pesado… ¿cómo es la acogida? ¿Me permite nuevos movimientos? ¿Me deja espacio a la creatividad? ¿A adaptarme a su forma de ser? O ¿sólo cabe lo que alguien ha dicho que es “normal”?

¡¡¡Cuidado!!!

Un abrigo con demasiada exigencia, poca movilidad, seriedad, rectitud, creencias limitantes, juicios sobre lo que debería ser adecuado y normas en todo, puede generar hogares donde lo importante es cumplir las normas y el aprendizaje de la persona queda diluido.

¿Quieres un hogar donde tus hijos crezcan para desarrollarse y aprendan? o ¿un cuartel  donde sólo se cumplen las normas si está el teniente general? ¿Quieres crear  personas responsables de sus elecciones o gente que sabe cumplir lo que le dicen sin más?

Si el abrigo que te pones es de jerarquía de mando…te importará el respeto a la autoridad por encima de todo.  La atención irá a la norma y el cumplimiento, no al proceso, la evolución y la integración de lo aprendido.

Hay abrigos más ligeros y más efectivos, te lo aseguro

padre con globos

¿Qué nos hace especiales como especie?

¿Qué nos diferencia de otros animales mamíferos? El humor, la alegría y la capacidad de expresar nuestras emociones.

La especie humana “homo sapiens” (hombre sabio) se caracteriza por saber utilizar la inteligencia con humor y alegría. Saber reír y reírnos de nosotros mismos,  nos diferencian de otras especies. Entender el trasfondo de un chiste, transformar la realidad en una anécdota,  es competencia de nuestra especie.

Para utilizar el humor necesitamos tener muy claros los procesos de pensamiento, la estructura abstracta del pensamiento y saber comunicar una idea. El humor es muy útil como elemento de reflexión.

Recuerdo un episodio en mi vida donde una persona convenció a otra de que yo no era fiable porque la Alegría era la base de mis Valores. ¿…? ¿Tiene sentido? Sí, si tus valores se basan en la falsa creencia que para ser responsable hay que tener seriedad.  La responsabilidad es cumplir con lo acordado, ser consecuente con los compromisos  y la alegría es la expresión de sentimientos de satisfacción cuando realizas lo que te has propuesto. Son valores altamente compatibles.

Es una pena que en nuestra sociedad todavía  se tenga una relación de Seriedad-Fiabilidad-Responsabilidad y se tiende a evitar lo que se considera contrario; es decir,  Irresponsabilidad se une a desconfianza y diversión.  Esta forma de unir estos valores nos lleva a encorsetamiento y rigidez.

¿Y si educáramos desde el Humor-Naturalidad-Credibilidad-Responsabilidad?  ¿Cómo sería para todos?

Tenemos miedo de utilizar el humor y la diversión. Quizás sea el motivo que lleva a muchas personas a dejarlas de lado cuando nace un hijo.

Confeccionar este pesado abrigo hace que para muchas personas esta nueva tarea aparezca como una carga.  ¿Tiene sentido que sea una carga  algo tan maravilloso como acompañar a un nuevo ser?  ¿Y si eso es parte de tu camino? ¿Parte de tu aprendizaje como persona? ¿Y si  viéramos a nuestros hijos como regalos de los que vamos a aprender?

 

 

Esta es la historia de una madre que se quitó el abrigo para educar

libre

Imagina que te dicen que tu hijo “es hiperactivo” y en casa no para quieto un momento poniendo nervioso a todo ser viviente.

Puedes hacer tres cosas

  1. Darle medicación y exigir que lo arreglen los demás.
  2. No hacer nada y que pase el tiempo
  3. Sacarle partido a las cosas que hace y que sepa manejar su situación (y por supuesto contar con profesionales para acompañar su crecimiento y su salud).

¿Cuál prefieres?

La opción 1: Dar medicación

Te resuelve el problema momentáneamente, pero si dejamos de dar la medicación ¿Qué ocurre? Digo momentáneamente, porque mientras actúa, dejará de moverse , pero el problema vuelve al desaparecer el efecto de la medicación. Además, hasta el momento no hay productos “que enseñen” e “introduzcan programas”, ni comportamientos a los hijos. La medicación no conlleva la parte de aprendizaje desde uno mismo. Puede servir como ayuda, pero no educa.

 

La opción 2: Dejar las cosas como están.

Equivale a dejar que su ordenador se quede oxidado, lo das por inútil y así se lo cree.

Esta es la historia de una opción 2 con el que me topé hace muy poco.

Voy por la calle y oigo un perro…mi ojos cruzan rápidamente hacia la salida de un supermercado y una imagen de un niño linchando a un perro atado impacta en mi retina. …..  al notar mi presencia silenciosa, el niño sale corriendo cruzado una calle sin mirar si pasan coches.

Me acerco con calma y le pregunto con voz aterciopelada y baja si está solo y si sabe lo que acaba de pasar, le pregunto si es consciente que eso al perro le duele… no responde… en eso una señora se vuelve y grita: “Es muy malo, es malo desde que nació…ojalá le hubiera mordido el perro y así aprende algo” “No tiene remedio”

Me quedo petrificada. Miro al niño y le digo…. eso no es cierto . Tu no “eres malo” simplemente ocurre que lo que le has hecho al perro no es adecuado ¿no crees?

Sale corriendo entra en una tienda, me quedo en la puerta y el dueño lo para. ¿Tenía la intención de “a ver que pillo”? y como liebre huyendo de algo se lanza a la acera. La madre sigue hablando con la amiga sin prestar atención y oigo que le dice….. “Total para que me voy a molestar si no va a cambiar”

El niño de no más de 6 años se orina en la puerta de una sucursal bancaria….. y me sigue asombrando que la madre sigue a su paso sin darse la vuelta ni recoger a su hijo rezagado.

La actitud de la madre es hacer equivalentes la identidad de su hijo con sus acciones, es decir, cómo hace cosas inadecuadas (cosas malas) por lo tanto es malo. Entonces, si ya “es”,  ¿le sirve al niño hacer algo diferente? ¿Se espera de él otra cosa? ¿Se lo puede permitir? ¿Cuánto tiempo tendrá que probarse que es así para terminar de creérselo?  ¿Tiene este niño su ordenador ya programado para “ser malo”?

Cuando evoco este recuerdo, me invade una profunda tristeza y sólo puedo esperar que la Vida le enseñe a ese pequeño que se pueden hacer otras cosas diferentes de aquellas que ha entrenado.

Esta triste historia real no es tan extraña como pudiera parecer.  Las personas que vienen a mis talleres se asombran de ver que la vivencia del comportamiento de sus hijos sufre una transformación al separar identidad de comportamiento

 

La opción 3: Aprovechar lo que ocurre para educar

Esta opción es lenta, laboriosa. Requiere creatividad, paciencia y creer en tu hijo. Es necesario elaborar  una imagen de él adulto, haciendo lo que sabe y le gusta.  Plantearte el Estado deseado, libre de los derivados de lo que esté pasando en estos momentos y con la idea de  probar muchas alternativas para conseguirlo. Hasta que encuentres el camino adecuado pueden pasar años.

Fijémonos en la presuposición de la PNL enunciada por la terapeuta familiar Virginia Satir:

              Elegir es mejor que no elegir

Lo que viene a decir:  elige algo, lo que sea y pruébalo.

La madre de la opción 2 creyó en su etiqueta y fue la sentencia para su hijo: “mi hijo es malo…es malo desde que nació”. Esta creencia se convierte en una sentencia que le lleva a adoptar una posición respecto al hijo y sus actuaciones responden a la creencia de que la etiqueta  es la “verdad” y asume la certeza de lo creado.

La opción 3 representa  rechazar las etiquetas limitantes.

Os cuento un caso real de una experiencia de este tipo. Era se una vez un niño que no paraba quieto ni un segundo y al mismo tiempo se cansaba mucho, dormía sólo unas horas seguidas y cuando se despertaba empezaba su actividad. Ciertas personas ajenas a la familia etiquetaron el niño de “hiperactivo”.

Frente a esta etiqueta, podemos plantear algunas preguntas:

  1. ¿Desde qué perspectivas estoy poniendo la etiqueta?
  2. ¿Va a “ser” simpre “hiperactivo”? o ¿Solamente mientras su cuerpo crece?
  3. ¿Todo el día se halla en ese estado o sólo en ocasiones? Porque si no está así continuamente y hay momentos concretos en que no se observa este comportamiento ¿es hiperactivo? o más exactamente  ¿no será que en determinados momentos tiene un comportamiento de hiperactividad? y si es así ¿qué momentos son esos exactamente? ¿están asociados con determinadas circunstancias?
  4. En los momentos que no se da el comportamiento hiperactivo ¿Qué comportamiento tiene? ¿Me fijo en ello o solo llevo la atención y doy importancia a la hiperactividad? ¿hay algún momento que está quieto concentrado aunque sólo sea un poco? ¿duerme de forma hiperactiva? ¿Todo el rato?
  5. ¿Confundo los comportamientos que tiene con lo que es?
  6. ¿Qué beneficio puede obtener mi hijo de ese comportamiento? ¿Para qué le sirve? ¿Qué puede perder si se lo anulo?
  7. ¿Se puede sacar partido a esta situación?
  8. ¿Puede beneficiarse la familia de algo así?
  9. ¿Se pueden adquirir hábitos a partir de estos comportamientos?

La respuesta a las tres últimas preguntas es un rotundo Si. Es lo que tienes, así que aprovecha lo que hay. Se pueden hacer maravillas.

Los puntos para conseguirlo son:

  1. Cambiar la frase “mi hijo es hiperactivo” por “mi hijo hace cosas de forma hiperactiva”
  2. Confiar en que se puede conseguir
  3. Imaginación
  4. Hacer planes para sacarle el máximo partido.
  5. Observar las cosas que ocurren cada día.
  6. Estar más pendiente del proceso que del resultado y atender las evidencias de que estoy acercándome a las cosas que me propongo.
  7. Ser flexible para cambiar de planes si no estás alcanzando el resultado deseado. Probar y probar.
  8. Tener claro que cada persona es diferente y el mismo plan no se va a realizar de la misma forma y con los mismos pasos con cada hij@.
  9. Aprovechar “todo” y todos los momentos.

Y sobre todo,

  1. Cuidar que las etiquetas que hemos puesto a cada hijo potencien sus capacidades y no les limiten. En los capítulos siguientes aprenderemos el proceso de cambiar la etiqueta
  2. Tener una imagen de tu hij@ con todos sus recursos a tope.

Las personas tienen todos los recursos que necesitan para realizar cambios (Perls, Satir, Erickson)

Sigo con la historia de un niño que se despertaba a las 5.30 de la mañana y con sus movimientos madrugadores no dejaban dormir al resto de la familia. La madre pensaba continuamente en soluciones para esta situación y cómo estaba atenta supo aprovechar una oportunidad. El niño quería comprar un juguete especial, y por arte de magia apareció el plan perfecto. La madre le ofreció la posibilidad de ganar un dinero extra aprovechando los “madrugones”  y le propuso organizar “desayunos especiales”. El niño aceptó y la madre le enseñó a realizar las tareas y acompañó los primeros meses, preparando el acontecimiento como si de un festín se tratara. Es cierto que la madre tuvo que levantarse temprano, facilitarle el aprendizaje e incluso ir a la panadería a las 6.30 o 7 de la mañana para tener las cosas adecuadas al plan, pero eso duró dos meses. Durante dos años la familia ganó dos cosas: dos horas extras de sueño y un buen desayuno al despertar.

El plan había resultado:

  • El niño adquirió nuevos hábitos
  • Aprendió a desenvolverse en la cocina
  • Aprendió tareas de organización
  • Adquirió conocimientos culinarios y gusto por la cocina
  • Le sirvió para el resto de su vida.

El objetivo estaba cumplido. ¿Cómo creéis que estaba la autoestima de todos? ¿Y la de él? ¿Qué beneficios tuvo con este plan? ¿Qué pasó con la hiperactividad en esas horas? ¿Sacó provecho?

En la adolescencia prefirió quedarse en la habitación y fue respetado su deseo, pues el beneficio del descanso familiar se mantenía.

Esta parte del plan resulta de difícil comprensión para muchos padres, ya que  no entienden que el objetivo no es “hacer el desayuno”. Hacer no es un objetivo, es parte de las operaciones que nos llevan al Estado deseado.

El Estado deseado es que los peques adquieran  Valores y habilidades para aplicarlos en si mismos. Es cierto que en ese hacer, se desarrollan muchas habilidades, pero vuelvo a decir que el objetivo no es que el niño aprendiera a hacer. Este es un tema controvertido en los talleres, pues muchos padres se centran en las tareas y no en el proceso de lo que vamos consiguiendo y en la evolución de sus hijos.

Los objetivos han de  estar relacionados con la adquisición de habilidades y capacidades que conviertan a nuestros hijos seres independientes.

¿Fácil? ¿Difícil? No sé qué contestar, os puedo decir que es “entretenido”, como la vida misma, eso sí, con posibles resultados. Cuando una familia viene a hablar conmigo siempre les pregunto lo mismo ¿Lo que haces ahora te da los resultados que quieres? Si la respuesta es no, pues manos a la obra.

Una de las premisas de la PNL dice “Si lo que estás haciendo no funciona, haz algo diferente (Milton Erickson).

Los resultados pueden ser una transformación del sufrimiento que muchas familias están viviendo etiquetas limitantes.

En Te veo hijo vamos a hacer un repaso por diferentes aspectos para empezar a diferenciar algo que parece muy sencillo pero que muchos confundimos.

 No somos lo que hacemos.

Somos quienes somos y  a veces nos permitimos hacer cosas y otras nos las impedimos.

mundo a través de una pompa de jabón

Ir a: Te veo Hijo. Entrega 1

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Próxima entrega: miércoles 20 de febrero

Capítulos:

  • Somos seres emocionales

  • Ejercicio 1 “Te veo hij@”
Mayte Galiana
Mayte Galiana
Formadora PNL. Miembro didacta de la AEPNL (Asociación Española de PNL). Fellow Member Trainer de la IANLP (International Association for NLP). Máster en Hipnosis Ericksoniana con PNL / Máster en PNL y Salud. Coach wingwave.

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